VIVENCIAS DIARIAS QUE NO POCAS
"El grupo fotoartefina les invita a pensar en ello"
In memoriam
Aquella mirada dolça, en la claror de la nit, recobreix la textura de la meva ànima, quan dia a dia, s'encén el fulgor que l'afecte porta inherent.
Aquella insistència en compartir la immensitat de la rialla, pesa gest a gest en el vuit de L'espai finit.
Aquella calor...petó a petó.
J. N.
COMENTARIO DEL DIA
Disfruta plenamente del momento, sin gastar dinero ni salud, sólo en tiempo...

Salimos a la calle y nos encontramos día a día con muchas cosas. Algunas nos sorprenden, otras nos enfurecen.
Todos somos humanos; al parecer.
Podemos aventurar que hay tres clases de personas. Quizás piensen ustedes que hay muchas más, pero créanme hay tres, las demás son consecuencias de ellas.
Primera las buenas Aquellas que por educación o porque han nacido con una predisposición, (Gilis..., quizás alguien piense), a pensar en los demás, intentan por necesidad de agradecimiento o simplemente por cortesía, ayudar o al menos respetar al próximo.
Luego los que simplemente transcurren por su espacio-tiempo sin molestar ni entorpecer a los que se cruzan en su camino, pensando en sus problemas diarios, que la verdad hoy en día son muchos, y se sorprenden cuando su comportamiento es apreciado por otro como egoísta, pues en realidad no tienen intención de nada en absoluto. (En realidad son los más felices).
Y por último, no por ello los menos abundantes, las malas. Las que quieren que los seres adyacentes a su vivencia, paguen por el hecho de que tengan que sufrir los avatares de este mundo. Si analizamos con detenimiento este tercer apartado, veremos que en nuestro deambular cotidiano hay muchísimos casos.
Pongamos un ejemplo.
En la cinta de un supermercado. ¡No se rían!. Ya verán.
¿Cuál creen que es el caso más habitual?
1. Poner los productos al principio de la cinta. Pensando que hay gente detrás que puede empezar a colocar los suyos, mientras pasan los propios. Colocarlos sin pausa en las bolsas y pagar con solicitud
2. Ponerlos sin pensar, sin mirar, y sin preocupaciones varias, pagar y marchar, sin prisa y sin pausa.
3. Ponerlos lenta y extensamente, por toda la cinta mientras tanto hablar con todo hijo de vecino que se encuentre por los alrededores, y sin empezar a poner las cosas en las bolsas rebuscar, no sé que, en el monedero, mientras se van acumulando los productos al otro lado. Luego ponerlos tranquilamente en las bolsas, mientras el sufrido congenie próximo en la cola espera que pague e intercambie su penosa vida con la/o cajera/o.
Ustedes dirán.
J.N.
Sigan analizando. Memorias de un sufrido lector.
Vamos a un bar. Hecho realizado por casi la mayor parte de humanos. ¿Qué nos encontramos? Dirán ustedes: gente. Sí esa es nuestra primera impresión. Correcta claro. Pero, ¿que tipo de gente? Hay mil respuestas y aun así alguien podría darme alguna de novedosa. Entonces vayamos a referirnos a algunos de sus actos.
Por ejemplo: el periódico. Aquí también vemos las distintas aptitudes de las personas.
1. Algunos lo leen. Son los que más. Aprovechan, después de conseguir en una batalla diaria, el periódico, para darse ellos y en parte alguna hoja del diario, un buen desayuno. Suelen leerlo detenidamente pues gozan de tiempo y espacio. Después lo recogen, pliegan y suelen dejarlo en la mesa, sí antes no ha sido ya solicitado por otro esperanzado lector que en la última hora a estado mirando de reojo al comensal.
2. Otros lo contemplan. Estos suelen cogerlo despreocupadamente de alguna mesa, casi nunca lo recogen en el "aparato" especial de periódicos, y también acostumbran a ir acompañados. Cuando se sientan en la mesa suelen abrir alguna que otra página, y olvidando tranquilamente su lectura se ensalzan en alguna conversación más o menos interesante con su contertuliano, sin pensar, en ningún momento, (sería inconcebible), que otro ciudadano quiera disfrutar de su lectura. Si este sufrido mortal se le ocurriese, por una extrañísima casualidad, pedirle que se lo "prestara" un momento, quedaría retratado con una mirada, como diciendo: "¿Qué quiere este desgraciado?, imposible de olvidar.
3. Los que más, lo ojean. Esta acción viene dada, desde luego, por una limitación de tiempo o por una habitual apatía. Sus costumbres son varias y es la acción más extendida. Suelen dejarlo en el mismo sitio que lo han encontrado e incluso, en algunas ocasiones, ni lo mueven. Es esperanzador encontrarse con estas personas sí uno es un fororo de la lectura periodística.
4. Y por último los del crucigrama. Aquí hemos topado … Muchos son los seres humanos que consideran suyo lo de todos. Y este es un claro ejemplo. Ya sé lo que me dirán: sí no lo hago yo, (el crucigrama, sudoku …) lo hará otro. Muy cierto. Pero se han puesto a pensar un solo momento, ¿el tiempo que van a emplear en leer el periódico y además en acabar el juego que hayan elegido o incluso todos? No. Lo mejor que se puede pensar de este tipo de personas es que les importa "un pimiento" los demás parroquianos, que al igual que él, tienen un momento, o momento y medio, para tomarse un café y ojear el periódico.
Y me dirán, compratelo. Tienen razón, pero este no era el tema.
C.G.
En la carretera...Quien va, vuelve.
¿Les ha pasado alguna vez que cuando más empujan un coche más lento se pone?. Analicemos la cuestión. Vamos conduciendo. Lo normal … Nos encontramos con otro sufrido humano al volante que nos corta para ponerse delante de nosotros. ¿Qué ocurre entonces?. No lo duden ni por un momento se nos coloca a "dos por hora", haciéndonos frenar. Eso es lo habitual. Pero aquí es dónde empieza el espectáculo.
Si lo acosamos demostrando que nos esta tocando las narices, el pobre , que nos gesticulara como diciendo "habrá salvajes en este mundo" , reducirá a un más la velocidad y sabedor de que quizás en ese momento no podemos adelantarlo, nos hará pasar por el tubo, hasta que podamos adelantarle, o cometamos una infracción. A buen seguro que él quedará como un santo en todo momento.
Por lo tanto hay otro modo de proceder. ( Lo hemos probado nosotros en más de una ocasión). Cuando el aguerrido conductor nos corta el paso y se coloca delante nuestro, entorpeciendo nuestra habitual velocidad, después de cortarnos salvajemente en un cruce, ( hasta aquí igual), no nos inquietemos. Frenemos, aún más que él, y pongámonos a mirar cómo si estuviéramos perdidos y buscáramos una calle. Os bien aseguro, y lo hemos comprobado, que en el plazo de 30 segundos habrá desaparecido de delante vuestro a una velocidad increíble.
Ya dirán.M.P.
En el cine.
-Algunos van al cine, y aunque no lo crean van a ver una película. Me dirán ustedes, ¡es lo habitual! Pues no. No lo es. Lo habitual es sentarse en medio de la sala, en las butacas claro, (aunque merecerían algunos un trozo de tierra), a hablar con el vecino y no parar en toda la película.
-Otros son más silenciosos y dedican el tiempo que han pagado sobradamente a comer palomitas con el consabido ruidito de fondo. ¡Qué sería del cine sin ellas!, sino fuera porque a veces van a parar al suelo, junto al acompañamiento liquido que discurre entre los que les preceden.
-Otros van al cine a probar la resistencia de los asientos. Es muy normal encontrarse personas que sufran de alguna enfermedad orgánica que no les deje estarse quietos más de un minuto, poniendo en peligro la integridad moral de los que comparten su misma fila; de los que ven la película a través del movimiento descompensado de su cabeza; o de los que saborean olfativamente sus partes más inferiores.
-También los hay que faltos de cariño han de esperar el tiempo necesario, sea semanal o mensual, para volver al cine y poder disfrutar de sus besos más deseados.
En definitiva ir al cine siempre distrae.
-Por último los hay, que ven la película cómo única distracción y que saben que no están solos en la sala y que quizás haya alguien que como ellos hayan pagado un precio desorbitado por un trocito de papel, para disfrutar de unas imágenes movibles, sentados seguramente con sus seres más queridos.
C.G
En el médico.
Lo más común, por razones monetarias, o por nuestra propia comodidad, es ir a la Seguridad Social, una de las cosas de las que podemos disfrutar en nuestro país. (No vamos a entrar en controversia).Cuando entramos en la sala de espera lo primero que hacemos es imaginar que posiblemente pudieramos estar en una isla desierta o quizás los más ideólogos, en un mundo sin enfermedad. Cuando comprendemos la irrealidad de ello, buscamos un asiento para poder permanecer de la manera más cómoda. Si tienen suerte y pueden colocarse entre dos sufridos conciudadanos, podemos entonces dedicarnos a la consabida espera. Las conversaciones cercanas normalmente no nos interesan. Rara vez pueden aportarnos unos conocimientos extras, que no sean otros que las debilidades humanas. Ello hace que nos pongamos aun más enfermos de lo que hemos llegado. Es muy habitual e insufrible encontrar personas que hablen de enfermedades suyas o ajenas. Esto nos puede producir un desasosiego que puede llegar a ser mayor que el mal que nos ha llevado al medico. Otra frustración que nos puede afectar es ver cómo otras personas que han llegado después que nosotros, entran antes. Ello es debido a que hay muchos que vienen muy pasada su hora, devido al retraso muy común en atendernos, y cómo nosotros hemos venido a nuestra hora, se nos queda cara de tontos al comprobar que hay otros más listos que nosotros.
A veces hay algunas buenas personas que quieren que nuestra espera sea más llevadera y convierten la consulta en un parque infantil, y sin ningún tipo de educación ni vergüenza, dejan sus hijos sueltos por toda la sala, en espera de encontrar en nosostros una sonrisa fácil a pesar del nerviosismo que el movimiento nos acarrea. Si finalmente el médico nos alivia los síntomas que padecíamos, parece que todo ha quedado en el olvido. Pero en realidad no es así. La próxima vez que tengamos que ir, recordaremos todo ello y quizás queramos curarnos en casa por nuestra cuenta. Aunque esta es la política...
No me dirán que no.
J.N.La propina.
Cuando la voluntad se convierte en un asunto distinto del pretendido conlleva a preguntarse cuales serán los motivos que un simple hecho tenga distintas repercusiones por ambas partes. Y ustedes me dirán, ¿quien deja propina hoy en día? Hay gente, créanme Algunos lo hacen por costumbre. Otros por conseguir una sonrisa favorable del camarero/a, y hay que por agradecimiento sincero por el servicio obtenido. (No entraremos en temas que no sean de restauración). Pero... ¿qué pasa cuando dejamos la propina? :
-¿Nos sonríen amablemente?. Con lo que nos damos por satisfechos, y no pensamos más en el tema.
-¿Nos dan las gracias efusiva o llanamente? En el primer caso nos sentimos un poco descolocados ya que nos da la sensación de un servilismo al que no estamos acostumbrados y que seguramente no aceptamos. En el segundo nos sentimos agradecidos y tratamos de salir del lugar con una normalidad forzada ya que no lo encajamos muy bien.
-¿Nos ignoran? Aquí sí que nos cabreamos y en más de una ocasión volveríamos atrás a recogerla otra vez., inquiriendo lo que nos corroe por dentro ante tal despropósito.
Pero no se preocupen, hoy la mayoría no la dejan.
-Algunos no la han dejado nunca, consideran que las cosas ya son suficiente caras y que a ellos en su trabajo nadie se las da.
-Otros la dejaban y ahora ven que es una pérdida de dinero excesiva con el encarecimiento de todo.
-Otros la han dejado alguna vez, pero ante el desprecio de los que la recogen han decidido que paguen justos por pecadores.
Sigan..
M.P.
Entrar si cabe.
¿Se han encontrado ustedes alguna vez alguien obstaculizando una entrada, de tienda, ascensor, ... Que no haya hecho el mínimo movimiento para dejarle pasar?. Muy habitual. ¿Pero es aun más habitual, qué cuando le decimos amablemente que nos deje pasar, nos mire con una gran cara de asco y/u odio? Lo es. ¿Es también normal que al tener que dar un leve empujón nos infiera palabras descorteses y que quedemos nosotros como unos mal educados?. También. Nos sentimos impotentes cuando nos ocurren estas cosas. Lo que acostumbramos ha hacer es callar y seguir pues si nos ponemos a bramar vamos a salir calientes del sitio, ya que los que son “entorpecedores” conocen al palmo esta situación y no nos van a dejar inmunes. Me dirán ustedes, ¡que exageración! No lo crean, si les pasa ya me dirán...C.G.
En la playa.
Cuando vamos a la playa lo hacemos por el sol y el mar. Pero no es eso sólo lo que nos encontramos.
Vamos por partes.
El camino hacia nuestro destino puede ser inolvidable. A menos que tengamos ya una casa al lado de la playa, salimos tempranito para coger “buen sitio” en la arena cerca del agua. No siempre nuestro deseo es cumplido ya que hay otros seres humanos que casualmente tenían nuestra misma intención.
Cuando representa que ya estamos colocados en posición o no de reposo en nuestro universo especial o no , es nuestro trocito de playa. Ahora es cuando empieza a ponerse interesante.
Pueden pasar varias cosas.
Que nos dejen en paz tomar el sol i/o compartir con nuestros seres queridos un día de los que tanto amamos y envidiamos el resto del año. Muy difícil, casi imposible. O lo más habitual es que vivamos esas esperanzadas horas con nuestros más allegados desconocidos que no tienen otra cosa más importante que hacer que demostrarnos, no solo su presencia sino también que son más que nosotros. Y eso de varias maneras:
-Con la música muy alta. Quizás sean buenos samaritanos que quieran que nuestra existencia sea más llevadera. ¿Quien sabe?
-Jugando a la pelota cerca de nosotros con el consabido nerviosismo por nuestra parte de si nos darán un pelotazo o no. La mala intención es manifiesta, ya que se dan perfecta cuenta de nuestra incomodidad. Aunque quizás quieran que juguemos con ellos y les da vergüenza proponérnoslo.
-Dejando que los niños, esas criaturas tan inocentes, nos mangoneen por todas partes. Con lo cual mostramos una sonrisa forzada, sin manifestar nuestros pensamientos más innobles que nos torturan en ese momento hacia unos padres tan permisivos.
-Colocándose lo más cerca de nosotros posible, teniendo en cuenta que hay sitio de sobra más lejos, quizás con la esperanza de hacer nuevos amigos y no cabrearnos en absoluto. Cosa que desde luego si vamos en plan familiar o de pareja no consiguen.
-Y los mirones. Parece que cuando éramos pequeños todos faltamos a clase de anatomía. Sin más comentarios...
-Y dejando muchas situaciones varias, por último el baño ocasional que nos regalan aquellos, que sin querer molestarnos corren a pasos gigantescos por nuestro lado dejándonos una lluvia amable de agua y arena. De ellos nos acordamos gratamente en varias ocasiones.
Menos mal que el camino a casa es una maravilla...
Vayan, si no han ido...
M.P.
En la tienda.
Vamos a comprar. ¡Cosa muy buena para nuestra salud monetaria!
Por ejemplo en un chino.
Es un lugar no muy lejano.... Un paraje de grandes ensueños realizables al módico precio de 0,75 céntimos. Un ejemplo muy bueno para hablar de las múltiples relaciones afectivas que pueden concentrarse en tan poco espacio.
¿Creen que no? Lean y verán.
Podemos encontrar sonrisas, empujones, olores corporales, conversaciones y también mentalitas. Todo ello sin tener que comprar nada.
Vamos poco a poco a desmenuzar la situación:
Nos encontramos frente a frente en un pasillo con otro posible comprador. ¿Que creen ustedes que pasará? Hay mucha gente educada que ya de lejos ve las dimensiones del espacio y que cuando llegamos a su lugar ya a calculado que podamos pasar sin rozarlo apenas, envolviéndonos si acontece en una sonrisa formal. Pero este no es caso habitual. Lo normal es llegar y tener que empujar suavemente en el mejor de los casos, y con un gran empujón en los más, al cruzarnos con el vecino. Con lo cual quedamos amonestados y avergonzados.
Si nuestro contrincante a hecho bien sus escaramuzas con el agua y el jabón, y no hemos emprendido una disputa verbal que haya llegado a mayores, seguiremos con nuestras posibles compras cómo teníamos pensado en un principio. De lo contrarios veremos unas caras asiáticas de gran sorpresa, preguntándose que narices estamos haciendo.
Al cruzar se olvida. Pero ¿y sí vamos en el mismo sentido que otro comprador?.
Si va sólo, tenemos la suerte de que por costumbre nadie habla sólo. Pero si no es el caso, disfrutaremos de una conversación, que no nos importa en absoluto, y que al acercarnos nosotros ha elevado el volumen. Podemos cambiar de pasillo.
Pero ¿y los mentalitas?. Aquellos que saben perfectamente lo que hemos ido a comprar y se colocan siempre irremediablemente delante o al lado mismo de nuestros secretos intereses. Hemos de movernos y engañarlos para volver otra vez al principio para ver sí en esta ocasión hemos tenido más suerte. Suele funcionar.
Y me dirán ¡que exageración! Vayan, prueben e intenten salir ilesos.
Aunque lo mejor es cuando al final pagas tus compras convencido de que te ha salido el envite, por un muy módico precio.
C.G..
En la autopista.
Vamos en coche solos o acompañados. Con o sin retenciones. Lo habitual... ¿Pero es eso lo único que nos acontece? Nuestro viaje puede ser largo o corto, hechos que no nos libran de padecer ciertas circunstancias. Imaginemos, todo es soñar, que vamos en familia, jugando a las palabras, y sin ningún otro coche en nuestra más inminente cercanía. ¡Seguro que si estamos conduciendo en tal entubación, ya nos la hemos pegado! Seamos entonces más realistas. Los demás tienen nuestro mismo interés y aspiración a una conducción tranquila. Y hacia un destino corto y llevadero. Por lo tanto seamos más consecuentes e imaginemos dos situaciones: -Que todo salga según queremos, rápido y sin perjuicios, con lo cual nos colocamos a 110Km por hora en el carril derecho, (menos velocidad ya estaríamos sobando) y...¡vemos que todo el mundo nos adelanta por el izquierdo, con lo cual nos queda una cara de tontos e impotentes difícil de describir. Y si en un alarde de impaciencia nos equiparamos a los demás dándole libre albedrío a nuestro pie derecho, seguro que recibimos en casa una fotografía muy agraciada de nuestra querida matricula en blanco y negro. -Que sigamos dulcemente, cómo danzando una melodía de vals a nuestros compatriotas o no, tras otros coches que han decidido bailar a nuestro son. La retención nos lleva a preguntarnos, en realidad, que hacemos allí. No en este mundo claro, (eso seria motivo de otro debate) si no en aquella carretera u/o autopista. El juego en caso de compañía se vuelve aburrido y nos pone aun más nerviosos. En el caso de soledad extrema, sólo nos queda por una parte divertirnos viendo que cuando cambiamos de carril, ese que tenía un movimiento acompasado, se convierte en una parada forzosa. O quizás podamos pensar y dejar volar nuestra imaginación tan esteriotipada últimamente e imaginar que somos acróbatas de nuestros propios anhelos. En todo caso quizás sólo pensemos en la gasolina que estamos gastando
C. G,
¿Donde esta Crisis?
Hay que buscarlo entre una gran multitud. ¡Quizás se encuentre en las múltiples terrazas de los bares repletas de gente consumiendo! ¡En la celebración excesiva de algunas costumbres anuales, sólo para y por la foto, que nada tienen que ver con la realidad histórica! ¡En las reservas de hoteles que desempolvan el letrero de “completo“ que ya no sabían ni donde se guardaba! ¡En el sin vivir de compras inducidas, a las que diariamente nos vemos forzados, que no son de necesidad básica! ¡O quizás en demostrar a todo el mundo que somos los mejores en todo! Búsquenlo. Existe. ¡Mucha gente lo ha visto! ¡O es posible que de tanto esconderse no lo encontremos!
J. N.
Una compra con sonrisa.
Vamos a imaginarnos que cuando entramos en un comercio es para comprar. Con nuestra innata buena fe por estandarte, esperamos que el dependiente, generalmente el dueño de la tienda, nos reciba como mínimo con una sonrisa. ¡Pues no!... Eso sería mucho pedir. Lo normal es que encontremos ya de primera una indiferencia inescrutable. Pero aquí no acaba todo. Podríamos emplear aquel dicho que cita: “Parece que le debamos y no le paguemos”. Y es verdad. Pocas veces nos regalan con una sonrisa amable y con un “gracias”. Lo habitual es que pongan una cara de pocos amigos y nos miren con una mirada de menosprecio, que nos hace plantearnos el qué le habremos hecho a esa persona. Y sí por casualidad nos atreviéramos a contradecirle en algo, el lenguaje despreciativo nos dejará secos. Lo normal sería pensar en no volver a comprar en aquel sitio. Pero si nos aventuramos más allá, veremos que en todas partes, (salvo contados ejemplos, que los hay), nos tratan igual de mal. Ello nos hace pensar... ¿A qué puede ser debido?. -A la excedencia de clientes. No parece que hoy en día sea el caso, ya que hay mucha competencia y pocos compradores que lo hagan sólo para recibir el afecto de un comerciante. -A la natural antipatía del ser humano. Es muy extraño que una persona que tenga un negocio quiera espantar a la clientela de mala manera. -Al nerviosismo que llevamos todos por el desequilibrio entre pagar impuestos y cobrar nómina. Es posible pero no probable ya que de la nómina del tendero estamos hablando. Sólo nos queda pensar que va sobrado de clientes y de dinero. O que simplemente le caemos mal. Imagínense ustedes si además, ¡no es el dueño el que nos atiende!
M. P.

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